“Si los japoneses no entienden inglés porque el idioma que hablan es el japonés, y los japoneses no entienden el lenguaje de los perros, ¿será que los perros japoneses hablan inglés? Digo, alguien tiene que hablar inglés en el país del sol naciente, ¿verdad? —Wes Anderson.

Poster de Isla de Perros

Reseña de Isle of Dogs (Isla de Perros) de Wes Anderson

En la distópica retro-futurista cyber-punk feudalista (sí, el concepto es tan extraño como se lee) ciudad de Megasaki, en Japón, el nuevo alcalde Kobayashi tiene todas las buenas propuestas.

El muy exaltado político ha llegado a la conclusión de que los perros no son estos amados lomitos que merecen amor, cariño, y hasta idolatría (porque pareciera que eso es lo que se siente por ellos hoy en día), sino una amenaza para la paz y salud pública, y toma la muy acertada decisión de expulsarlos a la isla donde desechan toda la basura, renombrada, “Isla de Perros”, convenientemente como el nombre de la película.

Perros en Isla de perros

¡Miren a esas horribles máquinas de enfermedad, decadencia y muerte! ¡Mírenlas!

Ahora, el alcalde podría o no ser parte de un clan ancestral de odiares de perros, y podría o no haber estado en un complot para esparcir el virus que los volvió la amenaza que ahora la población entera considera que son… pero el punto es que se deshizo de ellos, lo que es bueno. ¡Decisiones certeras, no especulaciones!

Kobayashi en Isla de Perros

¡Kobayashi ofrece soluciones! … quizá no sean las mejores soluciones… o siquiera convenientes… pero es mejor tener soluciones a no tenerlas. ¡Vota por Kobayashi!

Sin embargo, su joven sobrino, Atari (segundo nombre, Sega; apellido materno, Nintendo), se queda obsesionado con el inmundo animal que le hacía compañía, decidiendo ir a buscarlo. Y junto a una extraña manada compuesta en 100% de perros alfa (si se lo preguntan, funcionan porque se rigen mediante democracia), va en búsqueda de su chucho.

Democracia en Isla de Perros

Porque hasta los perros rabiosos japoneses comprenden las ventajas de un sistema democrático, y  nadie ama más la democracia que Kobayashi. ¡Vota por Kobayashi!

¿Podrá Atari Sega Nintendo recuperar a su perro? ¿El mundo por fin aceptará que los gatos son la mascota superior?

En Isle of Dogs nos encontramos con un Japón muy extraño. A diferencia del Japón estándar Hollywoodense, en el que por razones nunca explicadas sus habitantes usan constantemente la lengua británica para todos los requerimientos de sus vidas diarias, en este Japón la gente sí habla japonés, y cuando hablan, no aparecen letreritos debajo de ellos traduciendo lo que dicen a otro idioma. Extraño, y un poco impráctico, si el espectador no habla japonés… ¡Ah! Y los perros se comunican en inglés fluido… supongo que eso también es un poco peculiar…

Entre otras curiosidades, la película está filmada en stop-motion, con algunos gráficos animados con la calidad de la consola del nombre del sobrino del alcalde. Y tengo que decir, ¡cómo ha evolucionado el stop-motion! No es que los personajes sean especialmente agraciados, de hecho, son feos como ellos solos. Pero los movimientos tan fluidos y los creativos ángulos de cámara la vuelven una película sencillamente brillante.

Música en Isla de Perros

Normalmente no consideraría un grupo de niños barrigones tocando tambores algo estéticamente sobresaliente, pero cuando figuras de plastilina se mueven fluidamente, siguiendo a la perfección el ritmo de la música que parecieran ejecutar, la escena se vuelve inesperadamente efectiva.

Los personajes son excelentes, la historia creativa y limpiamente desarrollada (aunque no comparta su mensaje pro-animal), la comedia es fina e hilarante.

Creo que no tengo mucho más que decir, Isle of Dogs se lleva 5 islas de marmotas de 5, y una recomendación de que todos se den la oportunidad de verla.

Cinco marmotas


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