“Es 2017 y las leyes de Hollywood dictaminan que sin importar la película necesitamos personajes “progresistas”, ¿pero qué tal si en vez de tomar un personaje conocido y cambiarlo, para después acusar al público de discriminatorio y retrógrada, creamos un personaje original y carismático, que además sea progresista?” —Eli Craig.

Poster de Pequeño Demonio

Reseña de Little Evil (Pequeño demonio) de Eli Craig

Gary Bloom (Adam Scott) se ha casado con Samantha (Evangeline Lilly), una cariñosa y preciosa mujer con la peculiaridad de que tiene un hijo, Lucas (Owen Atlas), quien tiene la peculiaridad de ser un maldito engendro del demonio. Y no me refiero al maldito engendro del demonio que es tu sobrinito cuando decide utilizar to colección de CD’s (o discos de acetato, si eres más viejo o hipster) como frisbees, sino a que el chiquillo es el mismísimo anticristo, cuya concepción es definida por su madre como “no exactamente ideal”, e involucró túnicas negras, máscaras, muchas hierbas, cánticos sobre una estrella de cinco picos, y lo que estoy seguro no era “pintura corporal roja y tibia” como Samantha asegura.

Lucas en Pequeño Demonio

Lucas en lo que podríamos considerar una videollamada con su padre, durante una clara referencia a Poltergeist.

Ahora, como cualquier persona que haya visto en Facebook la imagen de un pequeño adefesio con la etiqueta de “el bebé más hermoso del mundo” debe saber, el amor paternal es ciego, completa y absurdamente ciego. Así es que Gary no sólo tiene que enfrentarse a que su nuevo hijastro es un vástago de Satanás, sino a que además va a ser constantemente culpado por las monstruosidades que cometa el “angelito” de mamá.

Lucas en Pequeño Demonio

A ver, señora, cuando su “pequeño angelito” está enterrando viva a la gente en su arenero, ya no hay forma de que culpe al padrastro por “no esforzarse lo suficiente por formar lazos” con el maldito chiquillo.

A pesar de que una película con los extremos contrastes que aporta el ser simultáneamente de comedia y de horror, y que de una forma un tanto inesperada nos presenta una enternecedora historia que involucra al hijo del diablo, por sí misma tiene muchos elementos relevantes que pudiera destacar en esta reseña, lo más relevante no está ni en la trama ni en sus protagonistas, sino en un personaje secundario,  Al (Bridget Everett), el/la mejor amig@ de Gary.

Al es… ¿un transexual?… ¿una mujer que se identifica como hombre?… nunca se especifica realmente, pero es un personaje de género no binario, y por mucho, lo más divertido de la película.

Al en Pequeño Demonio

Al en su uniforme de baseball, porque obviamente Al tiene que ser el coach del equipo local de ligas menores.

Este es el perfecto ejemplo de un personaje que sigue las tendencias actuales de liberalismo y progresismo, y que además está bien desarrollado (lo que nunca pasa). A diferencia del resto de intentos de Hollywood de forzarle al público este tipo de personajes, los cuales comúnmente involucran cambiar de género, raza o preferencia sexual a algún personaje clásico, arrancándole su identidad cultural y volviéndolo lo más neutro posible para intentar hacerlo indistinguible del personaje original, y después acusando al público de misógino, racista, homofóbico, retrógrada y discriminatorio, cuando éste no acepta el cambio, Al es un personaje totalmente nuevo y original, que no esconde sus peculiaridades, sino que te las restriega en tu cara, y quien resulta de lo más agradable precisamente por eso. En la película no se intenta engañar al resto de los personajes, ni al público, conque Al sea un hombre “normal”; es claro para todos que el individuo en cuestión es físicamente una mujer, y sin embargo, Al es, por mucho, la persona más masculina del lugar en el que esté, masculina nivel “yo conduzco una monster truck, bro”. Porque Al no es un hombre promedio, sino un tributo a la fraternidad masculina y a todo lo bueno que implica ser hombre. Y yo, como hombre que soy, no puedo sino sentirme alagado por tal tributo.

Monster truck en Pequeño demonio

Porque nada grita “masculinidad” como un Monster Truck.

Además, Little Evil nos ofrece una cómica y profunda visión de la paternidrastidad (como no tengo idea de cuál sea el término correcto, acabo de decidir que así se le dice a la “paternidad” con padrastros), en la que experimentamos tanto las dificultades como las bondades de este retador proceso.

Little Evil es una comedia un poco cruda que no intenta ser políticamente correcta, sino que dentro de su crudeza, se vuelve políticamente vanguardista, por lo que aunque la película no es perfecta, se lleva 4 marmotas concebidas de forma “no exactamente ideal” de 5.

04 marmotas

 


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