“Ahora que tengo las riendas de Star Wars voy a hacer una película acerca del resurgimiento de las tradiciones Jedi… no, mejor acerca de derrumbar las tradiciones y crear ideologías nue… no, mejor acerca del compañerismo… ¿o sería mejor sobre la traición?” —Rian Johnson

Poster de Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi

Reseña de Star Wars: Episode VIII – The Last Jedi (Los últimos Jedi) de Rian Johnson

Así como en The Empire Strikes Back, comenzamos la película con el Imperio… que diga, la Primera Orden, teniendo contra la pared a los rebeldes… que diga, La Resistencia… que diga, la verdad es que en esta película utilizan el término “resistencia” y “rebeldes” por igual… quienes intentan hasta lo imposible por escapar.

Walkers en Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi

Walkers aproximándose amenazadoramente a una guarnición rebelde en un planeta de hielo… como que esa escena me resulta familiar…

Por su parte, Rey (Daisy Ridley) se encuentra del otro lado de la galaxia intentando que un renuente Luke Skywalker (Mark Hamill) la entrene en las artes Jedi y  se una a la Resistencia, escena desarrollada a la usanza del género Wuxia, en la que un prometedor artista marcial busca la guía de un legendario gran maestro…  y también recuerda a The Empire Strikes Back (otra vez), cuando el mismo Luke buscaba al místico maestro Yoda.

Luke Skywalker en Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi

“¡Devaronianos! Esta situación me trae flashbacks”

¿Podrán nuestros héroes sobrevivir a la instauración de un nuevo Imperio Galáctico?

Es muy claro que esta película también presta (por no decir clona) muchos elementos de la trilogía original, y no sólo de The Empire Strikes Back, sino también de Return of the Jedi. Sin embargo, los acontecimientos que nos pudieran parecer tan familiares presentan resoluciones radicalmente diferentes, casi como si se estuviera revisando la obra de George Lucas para adaptarla a tiempos más modernos. Me gustaría ahondar más en estos temas, pero ya estaría metiéndome de lleno a spoilers, y lo único que agregaré al respecto es que esta película tiene más un feeling de fanfic que de obra inédita o de una secuela escrita por el autor original.

En un aspecto positivo, tengo que admitir, y con gran placer, que en esta cinta Kylo Ren (Adam Driver) ha dejado de ser un molesto puberto berrinchudo. Que aún hay berrinches, sí los hay, pero han disminuido considerablemente, y por primera vez se siente que este antagonista se encuentra bajo el control (relativo) de la situación. Y digo “antagonista” porque a estas alturas continúa siendo debatible si el pequeño retoño de Leia y Han es un villano.

Kylo Ren en Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi

No sería Star Wars de la era Disney sin Kylo Ren destruyendo inocentes objetos inanimados en un arranque de ira, o en otras palabras, haciendo un gran berrinche.

Lo anterior nos lleva a la pregunta obligada, ¿entonces quién es el villano de esta saga? ¿el líder supremo Snoke? Porque de ser así tengo algunas preguntas para Disney: ¿Quién es Snoke? ¿Cómo llegó al poder? ¿Si sólo pueden haber dos Sith, discípulo y maestro, y durante el Imperio el Emperador era el maestro y Darth Vader el discípulo, quién entrenó a Snoke en el lado oscuro de la fuerza? ¿Cómo es que ni el Emperador ni Vader lograron sentir a un individuo, parte de sus propias filas, tan poderoso en la fuerza? En otras palabras, si Snoke es el villano de la saga, me gustaría un poco de desarrollo para él.

Phasma en Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi

Y ya que estamos en esto… ¿quién es Phasma? ¿Y por qué la nemesis de Finn, y la orgullosa primer villana mujer de la serie, ni si quiera se ha quitado el casco, ya no hablemos de que se le brinde un trasfondo al personaje?

La trilogía original se podía dar el lujo de no desarrollar al personaje del Emperador porque comenzábamos la historia con él en el poder, y para lo que sabemos, la situación en la galaxia llevaba tanto tiempo así que el Emperador reinando era sencillamente el orden natural de las cosas. Sin embargo, esta nueva trilogía tiene seis películas por detrás, y en ninguna de ellas aparecía, ya no digamos que figuraba, Snoke. De hecho, el problema no es sólo el villano mayor, sino que vamos en su segundo episodio y esta trilogía no nos ha mostrado el impacto que tuvo el fin del Imperio en tantos sistemas que nos había presentado Lucas, ni el que está teniendo el conflicto entre la Primera Orden y la Resistencia. Pareciera que en vez de volverse más grande, el universo de Star Wars se ha vuelto más pequeño en dimensión, y aunque algunos podrían contra-argumentar, “más enfocado”, la verdad es que George nos tenía acostumbrados a un mayor trasfondo para sus historias, siempre nos dejaba saber que los acontecimientos eran parte de algo más grande.

Otra cosa que viene arrastrando esta película desde The Force Awakens, y que pasé por alto mencionar en su reseña, es la indecisión de los personajes: ¿escapo o ayudo a la resistencia? ¿me quedo en mi planeta o busco aventura? ¿mi familia o el lado oscuro de la fuerza? Aunque no está mal el que los personajes tengan un poco de introspección (también por esta razón no lo recalqué en la reseña pasada, porque más que ser un elementos positivo o negativo es neutro), creo que Disney está confundiendo los conceptos de “desarrollo de personaje” e “indecisión”. El hecho de que un personaje sea indeciso no implica que sea profundo, y un personaje de grandes convicciones también puede tener un trasfondo multidimensional y una historia apasionante.

Para esta película lo subrayo porque al único, al único personaje que le queda a la saga quien presenta verdadera convicción, se le castiga por ello.

Poe en Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi

“Este… lamento ser un personaje proactivo y con convicción que le da acción a una película de acción… supongo…”

La mayoría de las obras (por no decir todas) tienen un tema o una ideología que defienden; la sexalogía de Lucas, por ejemplo, es la caída y redención de Anakin Skywalker. The Last Jedi tiene muchas… este, opiniones, ya que no podemos hablar de una ideología que proponga, porque hasta a nivel temático la película muestra una enorme indecisión: ¿la renovación ideológica o la defensa de las tradiciones y sus símbolos? ¿la confianza en los compañeros o la ingenuidad que da cabida a la traición? ¿la neutralidad o el extremismo? ¿La pizza con o sin piña?

La carencia de un tema definido vuelve la historia muy sorpresiva, algo que se le ha alabado mucho a la película de Johnson, sin embargo, no estoy seguro qué tan conveniente sea el contar con twists a cambio de coherencia temática, sobre todo para una serie que tanto había valorado el concepto del destino. En “Los últimos Jedi” pareciera que las cosas suceden por accidente, por coincidencia, más que por planeación o convicción.

Pero quizá estoy siendo demasiado crítico, estoy analizando las cosas demasiado a fondo, y es cierto que como película de acción, The Last Jedi es excelente: tiene emocionantes batallas espaciales, excitantes duelos de lightsabers; escenas de verdadero drama, pasión y hasta introspección, y todo esto con preciosas vistas de mundos alienígenas en el fondo. Por lo anterior, esta película sería un sólido 4 de 5, ya que lo único de lo que carece es esa idea novedosa o ese concepto que deje al espectador evaluando su propia existencia, elementos básicos de la ciencia ficción. Sin embargo, esta no es sólo una película de ciencia ficción, este es el episodio número ocho de una de las sagas de mayor tradición e impacto en la historia del cine. ¡Hay personas que toman la ideología Jedi como una religión! Por lo que una obra de tal linaje, debe ser calificada con otros estándares, y “Los últimos Jedi” se queda con tres aceptables marmotas que no saben de qué lado de la fuerza están, de cinco.

Tres marmotas

 


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